Mia Borrayo es un claro ejemplo de como nuestro arte marcial trasciende de una manera indescriptible y va más allá de ser un arte y deporte Olímpico. Acá te contamos más de su historia.
La academia Lions Taekwondo nació en febrero del 2012, de la mano del hoy entrenador del equipo nacional de combate, Federico Rosal.
De manera exitosa, la academia se posicionó tras conseguir diversos resultados a nivel nacional. Un centro deportivo que además de formar atletas, buscaba formar buenas personas.
A lo largo de los años, se sumaron muchos niños que conformaron la famlia Lions. Dentro de esos niños había una alumna muy especial. “Era distinta a todos los demás, no lo sé, son de esas almas con las que se tiene mucha facilidad para encariñarse, había algo que hacía a Mia muy especial” comentó Rosal.

Luego de un tiempo y por diversas circunstancias, Mía y sus dos hermanos dejaron de asistir, pero continuaron teniendo contacto con su entrenador, pues asisten al mismo templo religioso.
Mía Borrayo fue diagnosticada con un tipo de cáncer, lo que la obligó a recibir los tratamientos correspondientes, mismos que hicieron que su salud se deteriorara. Con el pasar del tiempo su condición no mejoró. “su abdomen creció de un día a otro, era como ver a una niña de 13 años con nueve meses de embarazo” comentó Andrea de Borrayo, madre de Mia.
Mia siempre vio a su entrenador Federico como un líder al que admiró desde el primer momento en que lo conoció. Y gracias a sus enseñanzas llevó al Taekwondo en lo más profundo de su ser. El sentido de lucha que le había inculcado su entrenador, la acompañó durante todo el tratamiento que significó el padecimiento.

Un tiempo despues y previo a su partida a un campamento de entrenamiento en el exterior, Rosal decidió visitar a Mia, para realizar el acto solemne de impisición de cinturón negro como muestra de apoyo y solidaridad. “Recuerdo que estaba desesperado buscando el cinturón negro; cuando le comenté al Director Técnico Saúl Lorenti lo que iba a hacer, conmovido me dijo que la Federación le extendería un diploma de graduación oficial”.
A su llegada a la residencia de la familia Borrayo, Rosal identificó en los ojos de Mía el fuego peculiar que caracteriza a un artista marcial. Según filosofía asiática el uniforme -Dobok- tiene un significado muy concreto:
• Pantalón (la tierra)
• La chaqueta o parte superior (el cielo).
• El cinturón (el hombre)
De este modo, la forma circular del cinturón representa el círculo de la vida humana entre el cielo y la tierra. Estas palabras fueron utilizadas al momento de la ceremonia. “Recuerdo que en aquel entonces le dije a Mía mientras le ataba el cinturón, que Dios la sanaría para ser testimonio a los ojos de todos y la gloria fuera dada a Él”.
“Luego de esa ceremonia, y durante los dos últimos ciclos de quimioterapia, Mia llevaba cada día y sin falta en su maletin, el cinturón negro que su profesor con tanto amor y profesionalismo le había otorgado. Desde el momento de la imposición del citurón, las cosas empezaron a mejorar de una forma indescriptible”. Comentó la madre de Mia.
Posterior a ese acto, el entrenador nacional viajó para cumplir con la puesta a punto, previo a la celebración del Clasificatorio Olímpico. Y a una semana de campamento, Rosal recibió un mensaje de la madre de Mía con el texto: “Marcador Tumoral Negativo”.
“No logré contenerme y rompí a llorar. Luego de convencer al conductor que no estaba loco, recordé el siguiente versículo bíblico: –Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos-. Lo único que salía de mi boca eran palabras de gratitud”, indicó Federico.
El diploma y su cinturón son elementos sagrados para Mia, y luego de muchas batallas libradas los médicos le indicaron puede volver a incporporarse a actividades deportivas. “Ella jugó futból desde que aprendió a caminar, pero Mia me dijo con mucha seguridad, -mami ya no quiero fut, quiero volver al Taekwondo-. Cuando algo es tuyo ni 3 laparotomias, ni 12 tomografías, ni 44 quimioterapias ni todo el miedo que hayas podido sentir, te lo quitan. El Taekwondo es de ella desde siempre” finalizó Andrea.
Hoy, Mia sigue en contacto con su entrenador Federico, quien incondicionalmente le ha brindado su apoyo, y continúa llevando el espíritu indomable que caracteriza a un artista marcial, más especialmente el espíritu de una guerrara Taekwondista en espera de volver al tatami.








